Usted es bienvenida/o al Blog personal de Grand Jovialiste (Dr. Eduardo Brieux Clement, abogado, autodidacta, y escritor con el seudónimo Jovialiste). Como recuerdo de su visita a este blog, escriba un punto de vista, o un comentario en cualquiera de los lugares habilitados para comentarios. Le deseo una estadía excelente, y espero contar en el futuro con su grata visita. El acceso a los otros blogs se halla junto con el perfil.

PASOS EN LA NOCHE



Cuando era muy pequeño viví en un chalet grande y hermoso con goteras compuesto de dos plantas con dos escaleras en las que me rompí la crisma y así quedé, con una amplia terraza en la que te cocinaba el Sol, con tres patios donde volaban los enjambres de moscas, con un bello jardín al frente lleno de babosas, con espacio para tres automóviles de 1898 de colección, con tres baños con olores permanentes, con lavadero con toda la ropa sucia que esperaba allí para ser lavada una vez al siglo, con piezas placards donde se escondían las familias de polillas (Parezco el vendedor de una inmobiliaria).

Ese chalet fue realizado por un Ingeniero Civil.

Muy buen profesional. La construcción es muy buena, sólida, de cemento armado, tejas importadas de Francia, las paredes tienen pinturas lavables, las puertas son de roble, las ventanas son de metal acerado, pisos de madera noble. Todo aguanta en tanto nadie pise muy fuerte de acuerdo con Defensa Civil que para apuntalar la construcción estuvo esta mañana (Mejoré...Pero sigo pareciendo el vendedor inmobiliario).

Esta residencia la vendimos. (CARTEL DE VENDIDO. Adios al vendedor de la inmobiliaria); pero todavía se conserva.

Ha sido modernizada, convertida en una prisión de lujo muy vip, dotada de rejas por todos lados para adaptarse al estado de inseguridad que se vive en la ciudad y en el gran Buenos Aires, provista de alarmas conectadas con la policía que no viene, prohibida mi entrada ya que no soy más uno de los dueños, etc.

Está en el barrio de Belgrano "R" (la "R" es una de las letras del final del alfabeto), de la ciudad de Buenos Aires.

Recuerdo que algunas veces me despertaba en la oscuridad del dormitorio en la mitad de la noche. ¡Ni una vela para ver de ncohe! Casi todos los dormitorios estaban situados en la planta baja.

Me acuerdo que el mío tenía dos ventanas, una a un patio con canteros con plantas, y la otra a otro patio jardín interior, y escuchaba, escuchaba...

Escuchaba.... Que alguna silla del hall vecino era empujada por alguien en la oscuridad, que algo de improviso se caía de una mesa, o que alguien había tropezado con alguna silla. Chirriaba el gozne de una puerta...

Nosotros fuímos siete en mi familia paterna aunque no hubo sietemesinos. Además de nosotros, en esa casa vivía el personal de servicio.

Yo pensabaººº _ ¡Cómo se pudo caer sólo! ¡Tiene que haber alguien! ¡Un ladrón! ¡Un fantasma! ¡Quiero ver uno por lo menos!

Y a veces, oía pasos sigilosos, casi silenciosos...

Aquella puerta había chirriado de nuevo. ¿Alguien fue al baño? Pero no olía el aroma de los porotos de la cena ...

Una tabla del piso de madera había crujido con el peso... ¡Ahí había alguien!

Se oían esos pasos inclusive en el dormitorio, pasos que se acercaban a mi camita. Y que luego se alejaban. Un alivio tardío.

¡Se imaginarán el terror!

En mi familia, siempre sospecharon que era UN GATO que había logrado entrar por la abertura enrejada y abierta del piso segundo. La explicación racional.





¿Qué les pasaba con la vista? ¿Precisaban anteojos? ¡YO VEO DOS GATOS!



Y no creo que esas noches hubieran más. ¡Seguro que tres a lo sumo!






















¡Un aquelarre de gatos! ¡Qué gaterío!

Eran libre pensadores. ¿Los duendes, los fantasmas? ¡Fantasías! ¿Los ladrones? ¿Qué ladrones! ¡Está todo cerrado!

En la oscuridad del cuarto, yo, un nene menor de cinco años o tal vez de treinta (Estoy aprendiendo a contar), intentaba esconderme debajo de la delgada sábana superior.

_ ¡El nene tiene miedo! ¡El nene tiene miedo!

_ ¡Cagón!

_ ¡Es chiquito!

_ ¡Qué chiquito, o no chiquito! ¡Tiene que hacerse hombre! ¡No basta afeitarse! ¡Pronto va a tener que salir a ganarse la vida al puerto! ¡A hombrear bolsas de ochenta kilos!

_ ¡Si peso cuarenta! ¡Buahhh! ¡Buahhh! ¡Buaaaaaaaaaaah...! ¡Ay qué desgraciado soy....! ¡Ay...de mi!...

_ ¡Mirá lo que conseguiste! ¡Qué se echara a llorar! ¡Pobre cagóncito...!

_ ¡Llora porque es una marica! ¡Un fiaca que no quiere trabajar en la cosecha!

_ ¡No soy una marica, sino un maricón masculino!

_ ¡Una basura!

_ No le digas basura. Es chiquito, es una basurita...Salió así, la criatura. ¡Cómportate nene! ¡Los hombres no lloran! ¡Menos la basura!

_ No lloro: ¡Buahhh! ¡Buahhh!...¡Me comporto bien, carajo!

_ ¡Maleducado! ¡Cuántas veces te he enseñado Paparulo que no se deben decir decir malas palabras como carajo! ¡Merde de la gran mierda qué boca sucia! ¡No sé donde aprende las malas palabras! Las aprende no sé donde, y las repite acá: Parece tarado este mocoso de porquería. ¡Basta! ¡Carajo dejate de lloriquear que te vas a recibir un sopapo en tu cara de traste...!

_ ...¡Buah....! ¡No lloro...! ¡Buah...!


Pasaron años... Me olvidé de aquellos terrores nocturnos...(Tomo vitaminas. Sí, no es suficiente).

¡Y ya era un muchacho menor de ciento veinte y dos años!

¿Miedoso yo? No. Ningún temor. Macho, varonil. ¡Pero no se me acerquen!

Ya para ese entonces había sido soldado conscripto lustrador del auto del Cabo durante un año.

Todo un año había estado sirviendo a la Patria dejando al auto una pinturita, tanto que al año siguiente el Cabo de nuevo lo tuvo que hacer pintar.

Había hecho guardias dentro del auto en una zona peligrosa de Villa Cariño de Palermo en tanto el Cabo "conversaba" con la novia.

En esa parte del bosque de Palermo en aquellos años andaba suelto un loco que durante las noches asaltaba a los centinelas solitarios en las guardias, y los dejaba apaleados y muertos del susto.

Para salvarse, había que arrancar el auto del lugar, y con el rodado salir disparado como bala de fusil, y dejar al Cabo y a la novia de a pie o quizás acostados.
...................................

Con experiencias ocmo la anterior en esa época ya me había hecho un macho.

Y yo prefería dormir sólo en la planta alta. No tenía miedo. Para nada. Todo cerrado con diez candados y con veinte cerrojos.

FOTO DE ÉPOCA DE AQUEL SALÓN DORMITORIO:


En SUCESOS EXTRAÑOS, parte I, y parte II, he contado alguna experiencia de esos años. Los jóvenes nos sabemos capaces, fuertes, elásticos, vitales, y ellos suelen ser valientes.

Como digo más arriba y ahora recuerdo, en ese chalet los dormitorios y los baños estaban ubicados en la planta baja. A menos que la planta baja ahora sea una planta alta porque haya crecido: Fueron años.

En ese segundo piso estaba mi habitación que era un salón grande, la que desde mi adolescencia ya cerraba con llave. Ya ve. ¿Tendría temor?

Al lado de mi cuarto, había una biblioteca muy grande, luego una habitación que estaba destinada a altillo o sea a desván, por lo general cerrada con llave, una terraza grande, y una habitación de servicio con dos camas.¡Ah! Y un hall de dimensiones medianas.

Mi hermano Yoyo dormía en la planta baja.

En una habitación que como la mía Yoyoyo (Le ganaba por un yo), del segundo piso daba al mismo patio donde había un bello y verde banano alto que por si los monos llegaba hasta el techo del chalet.

No daba bananas, sino unas bananitas verdes incomibles de las que me atracaba. ¡Indigeribles! Se debía al frío del invierno de Buenos Aires en el que la temperatura suele descender hasta el cero grado o a veces hasta uno o dos grados bajo cero. ¡Terminábamos vomitándolas a los postres!

A veces de mañana, mi hermano Yoyo me preguntó:

_ "Anoche...¿Estuviste caminando toda la noche? ¡No me dejàs dormir!"

_ No, para nada. Me dormí como un tronco a las diez de la noche y me desperté hace un rato a las ocho. He dormido diez horas como un plomo. ¡Estaba cansado ayer! Todo el día estuve estudiando, casi catorce o quince horas...Y no creo que sea sonámbulo.

_ ¡Qué vas a estudiar! Habrás estado oyendo la radio... ¡Vagoneta! ¡Atorrante! ¡Hombre de radio!

_ ¡Yo no soy un vago!

_ No. Un vagabundo. ¡Toda la noche caminando!

_ Es algo que soñaste. Yo estuve durmiendo....

_ ¡Pesadilla!


En ese último dormitorio, además de mi cama, la mesa alargada (y por esa amplitud me gustaba pues podía desplegar todos los libros y los cuadernos), donde estudiaba, la mesa de luz, un ropero con mis trajes, con mis camisas, con mis corbatas, con sus polillas, estaba el escritorio ministro que se ve en la foto y que perteneció a mi abuelo, y que he heredado.

Ahora, lo tengo yo en un estudio interior de esta vivienda.

Pero no oigo aquellos pasos....

Todas las noches zapateo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno. Mario

jovialiste dijo...

Me alegro que le haya interesado.

Anónimo dijo...

Me gustó; pero los gatos no se cansan de tanto caminar?

jovialiste dijo...

Parece que lo disfrutan.

ana maria parente dijo...

PERO QUE ME PASA ANDO VAGANDO ENTRE HERMOSOS ESCRITOS EN BLOG DE PERSONAS QUE SE IDENTIFICAN ,COMO YO ,CON LOS GATOS PERSAS
estare soñando?

jovialiste dijo...

"La vida es sueño"...