LA CONTEMPLACIÓN DE LO BELLO.

A la noche, actualmente, muchos acostumbran mirar televisión, o ver una película, o leer un libro, o admirar un rostro hermoso, real o en una foto o en un cuadro; pero de los que vivimos en las grandes ciudades realmente cada vez somos menos los que gustamos de comtemplar el espectáculo extraordinario del cielo estrellado.

O de ver la salida del sol al amanecer, o su puesta al atardecer.

Es uno de los simples y sencillos; pero grandes placeres naturales con que suelo regalarme cuando visito una playa, o un campo.

El sol "sale" y se "pone" todos los días del año. Invariablemente.

Y si bien es cierto que hay días nublados o lluviosos en que no es posible gozar de los colores con que nuestra estrella engalana el cielo, no menos verdad es que en los restantes suele haber muchas salidas y puestas de sol realmente grandiosas que por lo general la mayoría de las personas....se pierde.

Tras un día laboral agotador. por ejemplo ver una puesta del Sol hasta la hora del crepúsculo, es muy relajante y verdaderamente atenuador de las tensiones o preocupaciones vividas durante la jornada.

Si uno está en un lugar con vegetación hasta puede oir ciertos sonidos como el chirrido del grillo, o ver el paso apresurado de pájaros que vuelan para refugiarse en las arboledas.

Dentro de ese contexto de tranquilidad, un atardecer o un amanecer pueden convertirse en momentos de gran paz y de íntimo recogimiento para el alma de un ser humano.

Además, no se cobra entrada. Y, por si fuese poco, uno puede volver al día siguiente, sólo o acompañado, y tantas veces como le plazca.

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